El sindicato de Enfermería de la Provincia saluda a los Enfermeros por su día.


El sindicato de Enfermería de la Provincia de Corrientes saluda a todos los enfermeros de la Provincia en su día.

La enfermería tiene un gran peso dentro del sector salud en términos cuantitativos y de su relevancia en el proceso de cuidado de la salud pero la valorización que recibe, tanto al interior de la actividad como en la sociedad en su conjunto, no refleja dicha importancia ni se traduce en condiciones laborales y salariales justas.

 Independientemente de las características propias de las personas que ejercen la enfermería o de los aspectos vocacionales que las llevan a hacerlo, el reconocimiento de un saber profesional de la enfermería, como una cualificación que se adquiere mediante la formación y la práctica, se podría sostener y profundizar con mejores condiciones de trabajo para todos aquellos que la ejercen, de manera equitativa.

La falta de personal calificado, el pluriempleo, la intensidad y el desgaste físico y emocional de las tareas, la heterogeneidad normativa, la fragmentación de la representación sindical y la desvalorización de la ocupación vinculada al componente de cuidado y a su definición en términos vocacionales, son aspectos distintos pero interrelacionados que actúan como determinantes de la mayor vulnerabilidad laboral de la enfermería.

La multiplicidad de problemáticas sectoriales traba la posibilidad de un desarrollo de políticas que compensen los déficits laborales de la enfermería. Y esa situación se evidencia en los discursos de las enfermeras, enfermeros, médicas y médicos que trabajan en el sector y que, además, son referentes sindicales. Los testimonios no muestran como urgente, o al menos como un problema prioritario, la necesidad de jerarquizar la ocupación y dar respuesta a las múltiples desigualdades que generan una mayor vulnerabilidad a la enfermería.

Son tantas las dificultades que afectan al sector salud en su conjunto que la cuestión puntual de esta ocupación aparece como un problema más a resolver, que se aborda casi exclusivamente desde lo salarial, invisibilizando las dimensiones y problemáticas propias de la ocupación.

Por otra parte, las iniciativas sindicales orientadas exclusivamente a las y los enfermeros quedan supeditadas a la resolución de conflictos inherentes al sector y dada la fragmentación de la estructura sindical, el peso de los enfermeros/as dentro de cada sindicato es minoritario. A eso se suman las disputas internas entre los miembros de los equipos de salud, donde la enfermería tiene una posición de subordinación frente a los equipos médicos.

Además de la dificultad adicional de las mujeres, mayoritarias en la ocupación, de imponer sus propias demandas dentro del ámbito sindical y de enfrentar los prejuicios y estereotipos que las colocan en una situación de debilidad frente a los varones. En las últimas décadas se dio impulso a un proceso de "profesionalización" de la enfermería, cuyo efecto fue positivo en la composición por calificación de la ocupación, por el aumento de las licenciaturas, y tuvo su impulso tanto desde la esfera estatal como sindical.

No obstante, su impacto aún dista de modificar la estructura de calificaciones del sector y dar mayor peso a las y los profesionales, que siguen siendo minoría entre las enfermeras/os. Asimismo, existen múltiples proyectos legislativos que apuntan a mejorar las condiciones laborales de la enfermería, pero su impulso y sostenimiento requiere que los actores intervinientes valoricen las tareas, la formación, la dedicación y sobre todo la profesionalidad que exige el trabajo de cuidar la salud de los demás.

Más allá de iniciativas de algunos sectores políticos, y de algunos gremios, muchos de esos proyectos no llegaron a tener tratamiento parlamentario, indicador de la falta de trascendencia y valoración otorgada a las múltiples problemáticas de la ocupación, lo que reproduce su invisibilidad dentro del entramado de situaciones complejas y precariedades que atraviesan al sector salud en nuestro país. Un cambio que implique una mejora real en las condiciones de trabajo de enfermeras y enfermeros requiere abarcar un amplio abanico de acciones políticas, sindicales y de cambios culturales, dado el carácter multidimensional de la problemática.

En ese sentido, visibilizar los déficits en las condiciones de trabajo y valorizar el saber enfermero y la práctica profesional de la enfermería, puede ser la base para elaborar políticas públicas que contribuyan a disminuir la vulnerabilidad de las y los enfermeros al interior del sector de la salud. Fomentar la inclusión de más enfermeros/as, a través de políticas laborales y educativas y de incentivos a la formación profesional técnica y universitaria, puede ser un primer paso para disminuir la intensidad laboral y mejorar la calidad de atención.

Además, promover las demandas propias de este colectivo de trabajadores/as en los sindicatos que los/as representan, propiciando una mayor visibilidad de sus reivindicaciones con el fin de mejorar sus derechos laborales también es un paso importante en ese camino.

Finalmente, la transversalidad de la perspectiva de género también emerge como un eje clave para las acciones estatales y gremiales, dado que se trata de una actividad mayormente femenina, vinculada al cuidado y marcada por los diversos significados y estereotipos adjudicados al mismo.

Dar un tratamiento a los problemas que afectan a la enfermería desde un enfoque de género, es un paso fundamental para visibilizar las múltiples inequidades y discriminaciones que afectan el desarrollo laboral de las mujeres, propiciar la equidad y enfrentar la invisibilidad y la desvalorización económica y social de la enfermería y de las tareas de cuidado asociadas a esta ocupación.
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